¿Acaso las carreteras no se construyen con los impuestos que pagamos también los ciclistas?

APUNTO ya de enviar mi artículo de este martes me llega la noticia de la muerte de Francisco Manzano, un maestro granadino con destino en el Colegio Público García Lorca de Vícar. Francisco era ciclista, practicaba duatlón y triatlón, y el pasado fin de semana debía participar en el Campeonato de Andalucía de Duatlón Cros. Pero, cuando entrenaba para esta importante prueba, un coche lo atropelló en la carretera y lo mató. Tenía tan sólo 35 años.

El suceso me concierne plenamente, tanto por haber sufrido en mis carnes un hecho parecido, aunque con mejor suerte, como por tratarse de un maestro de profesión, como yo. Pero sobre todo por tratarse de otra salvajada producida por la intolerancia y la intransigencia: otro ciclista ha perdido la vida en la carretera en este constante conflicto entre los conductores de coches y el resto de la población. Hay todavía, en pleno siglo XXI, quien cree que todo aquel que circule de manera distinta a la de un coche debe circular aparte. Esto, una carretera sólo para ciclistas, sería ideal, por más seguro y cómodo, pero es antieconómico. Por eso los carriles bici son tan escasos todavía. Las carreteras, por tanto, hay que compartirlas. ¿Acaso no se construyen con los impuestos que pagamos también los ciclistas? ¿Acaso no fomentamos la industria y el comercio?

Este es un país poco recomendable para el diferente. Si uno no responde al estereotipo de persona “normal” que la mentalidad española tiene forjado desde hace siglos debe prepararse para recibir todas las burlas, ironías, segregaciones y discriminaciones imaginables. Y también, cómo no, agresiones. Si usted no circula por la carretera a la velocidad de un coche -independientemente, por supuesto, de lo que indiquen las señales de tráfico, faltaría más- se expone a que cualquier padre de familia, que paga rigurosamente sus impuestos, vota, practica un deporte, tiene una afición y echa horas por un tubo en el trabajo, vaya quemado un día y se le antoje que usted y su bici son un estorbo y no merecen el menor respeto. No hace tanto, al acercarme a la ventanilla para recriminarle su actitud a un conductor agresivo se disculpó diciendo: “No, si yo también soy ciclista”. En la mayor parte de los casos es la intolerancia al volante de una potente caballería lo que mata al ciclista. Por muy civilizados que nos mostremos al bajar del coche. Los ciclistas somos vehículos lentos, frágiles, vulnerables. Pedimos respeto y tolerancia. Distancia y seguridad. Falta mucha pedagogía; promulgar normas no es suficiente. Y que la suerte, ya que todavía no el civismo y la responsabilidad de todos, nos acompañe por esas carreteras. Descanse en paz Francisco Manzano. Y que se haga justicia.

Fuente: http://www.elmeria.es

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